Concordancia de la Biblia Reina-Valera
entiende (17 apariciones)
(4) También la persona que jurare, pronunciando con sus labios hacer mal ó bien, en cualesquiera cosas que el hombre profiere con juramento, y él no lo conociere; si después lo entiende, será culpado en una de estas cosas.
(17) Ahora pues, entiende y mira lo que has de hacer, porque el mal está del todo resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa: pues él es un hombre tan malo, que no hay quien pueda hablarle.
(9) Y tú, Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto, y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende toda imaginación de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.
(9) ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo?
(23) Dios entiende el camino de ella, y él conoce su lugar.
(14) Sin embargo, en una ó en dos maneras habla Dios; mas el hombre no entiende.
(20) El hombre en honra que no entiende, semejante es á las bestias que perecen.
(6) El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto:
(9) Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables á los que han hallado sabiduría.
(15) El simple cree á toda palabra: mas el avisado entiende sus pasos.
(7) Conoce el justo la causa de los pobres: mas el impío no entiende sabiduría.
(19) El siervo no se corregirá con palabras: porque entiende, mas no corresponde.
(17) Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y caí sobre mi rostro. Empero él me dijo: Entiende, hijo del hombre, porque al tiempo se cumplirá la visión.
(23) Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.
(23) Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.
(23) Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.
(2) Porque el que habla en lenguas, no habla á los hombres, sino á Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.