Concordancia de la Biblia Reina-Valera
sanó (19 apariciones)
(17) Entonces Abraham oró á Dios; y Dios sanó á Abimelech y á su mujer, y á sus siervas, y parieron.
(7) Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, pusieron sobre la llaga, y sanó.
(20) Y oyó Jehová á Ezechîas, y sanó al pueblo.
(9) Escritura de Ezechîas rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad.
(24) Y corría su fama por toda la Siria; y le trajeron todos los que tenían mal: los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos, y los sanó.
(16) Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos;
(22) Entonces fué traído á él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía.
(14) Y saliendo Jesús, vió un gran gentío, y tuvo compasión de ellos, y sanó á los que de ellos había enfermos.
(30) Y llegaron á él muchas gentes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron á los pies de Jesús, y los sanó:
(2) Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.
(14) Entonces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.
(34) Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocían.
(5) Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
(21) Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.
(42) Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.
(4) Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y despidióle.
(51) Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.
(11) Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
(8) Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó: