Concordancia de la Biblia Reina-Valera
casa (1,972 apariciones)
(1) Y ENTRÓ otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa.
(11) A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.
(15) Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.
(26) Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban?
(19) Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á casa.
(25) Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.
(25) Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.
(27) Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saqueará su casa.
(27) Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saqueará su casa.
(19) Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
(35) Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?
(38) Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.
(4) Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
(10) Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí.
(17) Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.
(24) Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.
(30) Y como fué á su casa, halló que el demonio había salido, y á la hija echada sobre la cama.
(26) Y envióle á su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas á nadie en la aldea.
(28) Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
(33) Y llegó á Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
(10) Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de lo mismo.
(29) Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio,
(17) Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
(17) Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
(15) Y el que esté sobre el terrado, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
(15) Y el que esté sobre el terrado, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
(34) Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dió facultad á sus siervos, y á cada uno su obra, y al portero mandó que velase:
(35) Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana;
(3) Y estando él en Bethania en casa de Simón el leproso, y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza.
(14) Y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?
(23) Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.
(27) A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.
(33) Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
(40) Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.
(56) Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.
(69) Y nos alzó un cuerno de salvación en la casa de David su siervo,
(4) Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;
(38) Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
(19) Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;
(24) Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.
(25) Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.
(29) E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.
(4) Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?
(48) Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.
(48) Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.
(49) Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.
(49) Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.
(6) Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;
(10) Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
(36) Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.