Concordancia de la Biblia Reina-Valera
decían (112 apariciones)
(41) Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?
(15) Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, ó alguno de los profetas.
(15) Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, ó alguno de los profetas.
(26) Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
(2) Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo.
(31) Mas él con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.
(56) Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban.
(31) Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á sí mismo no se puede salvar.
(35) Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama á Elías.
(3) Y decían entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro?
(8) Y ellas se fueron huyendo del sepulcro; porque las había tomado temblor y espanto; ni decían nada á nadie, porque tenían miedo.
(13) Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:
(18) Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
(33) Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.
(22) Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
(7) Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
(15) Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
(5) Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:
(65) Y decían otras muchas cosas injuriándole.
(27) Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían.
(32) Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
(34) Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón.
(33) Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?
(42) Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
(10) Entonces los Judíos decían á aquel que había sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.
(14) Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
(42) Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
(11) Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
(12) Y había grande murmullo de él entre la gente: porque unos decían: Bueno es; y otros decían: No, antes engaña á las gentes.
(12) Y había grande murmullo de él entre la gente: porque unos decían: Bueno es; y otros decían: No, antes engaña á las gentes.
(25) Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarlo?
(31) Y muchos del pueblo creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que las que éste hace?
(40) Entonces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el profeta.
(41) Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
(41) Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
(6) Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Empero Jesús, inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo.
(22) Decían entonces los Judíos: ¿Hase de matar á sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?
(8) Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
(9) Unos decían: Este es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
(16) Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
(16) Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
(20) Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para qué le oís?
(21) Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?
(41) Y muchos venían á él, y decían: Juan, á la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.
(47) Entonces los pontífices y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales.
(29) Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado.
(18) Decían pues: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que habla.
(3) Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas.
(21) Y decían á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos: sino, que él dijo: Rey soy de los Judíos.
(13) Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.