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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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hijos (2,829 apariciones)

(5) Y cumplidos aquellos días, salimos acompañándonos todos, con sus mujeres é hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos.

(21) Mas fueron informados acerca de ti, que enseñas á apartarse de Moisés á todos los Judíos que están entre los Gentiles, diciéndoles que no han de circuncidar á los hijos, ni andar según la costumbre.

(14) Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.

(16) Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

(17) Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

(19) Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios.

(21) Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

(7) Ni por ser simiente de Abraham, son todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente.

(8) Quiere decir: No los que son hijos de la carne, éstos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generación.

(8) Quiere decir: No los que son hijos de la carne, éstos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generación.

(8) Quiere decir: No los que son hijos de la carne, éstos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generación.

(26) Y será, que en el lugar donde les fué dicho: Vosotros no sois pueblo mío: allí serán llamados hijos del Dios viviente.

(27) También Isaías clama tocante á Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, las reliquias serán salvas:

(14) No escribo esto para avergonzaros: mas amonéstoos como á mis hijos amados.

(14) Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos; empero ahora son santos.

(7) Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fué con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés á causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,

(13) Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido.

(13) Pues, para corresponder al propio modo (como á hijos hablo), ensanchaos también vosotros.

(18) Y seré á vosotros Padre, y vosotros me seréis á mí hijos é hijas, dice el Señor Todopoderoso.

(14) He aquí estoy aparejado para ir á vosotros la tercera vez, y no os seré gravoso; porque no busco vuestras cosas, sino á vosotros: porque no han de atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.

(14) He aquí estoy aparejado para ir á vosotros la tercera vez, y no os seré gravoso; porque no busco vuestras cosas, sino á vosotros: porque no han de atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.

(7) Sabéis por tanto, que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham.

(26) Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

(5) Para que redimiese á los que estaban debajo de la ley, á fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

(6) Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.

(22) Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.

(25) Porque Agar ó Sinaí es un monte de Arabia, el cual es conjunto á la que ahora es Jerusalem, la cual sirve con sus hijos.

(27) Porque está escrito: Alégrate, estéril, que no pares: prorrumpe y clama, la que no estás de parto; porque más son los hijos de la dejada, que de la que tiene marido.

(28) Así que, hermanos, nosotros como Isaac somos hijos de la promesa.

(31) De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, mas de la libre.

(5) Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo á sí mismo, según el puro afecto de su voluntad,

(2) En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia:

(3) Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.

(5) El cual misterio en los otros siglos no se dió á conocer á los hijos de los hombres como ahora es revelado á sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu:

(1) SED, pues, imitadores de Dios como hijos amados:

(6) Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

(8) Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz,

(1) HIJOS, obedeced en el Señor á vuestros padres; porque esto es justo.

(4) Y vosotros, padres, no provoquéis á ira á vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

(15) Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo;

(6) Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión.

(20) Hijos, obedeced á vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor.

(21) Padres, no irritéis á vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo.

(7) Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos:

(11) Así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos á cada uno de vosotros, como el padre á sus hijos,

(5) Porque todos vosotros sois hijos de luz, é hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas.

(5) Porque todos vosotros sois hijos de luz, é hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas.

(15) Empero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fe y caridad y santidad, con modestia.

(4) Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad;

(12) Los diáconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.