Concordancia de la Biblia Reina-Valera
mis (1,052 apariciones)
(6) Extendí mis manos á ti; mi alma á ti como la tierra sedienta. (Selah.)
(9) Líbrame de mis enemigos, oh Jehová: á ti me acojo.
(12) Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma: porque yo soy tu siervo.
(1) Salmo de David. BENDITO sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos á la batalla, y mis dedos á la guerra:
(1) Salmo de David. BENDITO sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos á la batalla, y mis dedos á la guerra:
(23) Volveos á mi reprensión: he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras.
(1) HIJO mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti,
(1) HIJO mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti,
(1) HIJO mío, no te olvides de mi ley; y tu corazón guarde mis mandamientos:
(4) Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás:
(4) Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás:
(10) Oye, hijo mío, y recibe mis razones; y se te multiplicarán años de vida.
(20) Hijo mío, está atento á mis palabras; inclina tu oído á mis razones.
(20) Hijo mío, está atento á mis palabras; inclina tu oído á mis razones.
(1) HIJO mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos.
(1) HIJO mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos.
(2) Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos.
(14) Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos;
(6) Oid, porque hablaré cosas excelentes; y abriré mis labios para cosas rectas.
(7) Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios.
(21) Para hacer heredar á mis amigos el ser, y que yo hincha sus tesoros.
(31) Huélgome en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres.
(32) Ahora pues, hijos, oidme; y bienaventurados los que guardaren mis caminos.
(34) Bienaventurado el hombre que me oye, velando á mis puertas cada día, guardando los umbrales de mis entradas.
(34) Bienaventurado el hombre que me oye, velando á mis puertas cada día, guardando los umbrales de mis entradas.
(16) Mis entrañas también se alegrarán, cuando tus labios hablaren cosas rectas.
(26) Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.
(2) ¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿y qué, hijo de mis deseos?
(4) Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas;
(10) No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena.
(11) Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.
(13) Mi amado es para mí un manojito de mirra, que reposa entre mis pechos.
(1) YO vine á mi huerto, oh hermana, esposa mía: cogido he mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed, amados, y embriagaos.
(2) Yo dormía, pero mi corazón velaba: la voz de mi amado que llamaba: Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía; porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche.
(3) Heme desnudado mi ropa; ¿cómo la tengo de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los tengo de ensuciar?
(4) Mi amado metió su mano por el agujero, y mis entrañas se conmovieron dentro de mí.
(5) Yo me levanté para abrir á mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra que corría sobre las aldabas del candado.
(5) Yo me levanté para abrir á mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra que corría sobre las aldabas del candado.
(12) Levantémonos de mañana á las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.
(2) Yo te llevaría, te metiera en casa de mi madre: tú me enseñarías, y yo te hiciera beber vino adobado del mosto de mis granadas.
(10) Yo soy muro, y mis pechos como torres, desde que fuí en sus ojos como la que halla paz.
(12) ¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis á presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?
(15) Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos: asimismo cuando multiplicareis la oración, yo no oiré: llenas están de sangre vuestras manos.
(16) Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo:
(24) Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, vengaréme de mis adversarios:
(24) Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, vengaréme de mis adversarios:
(9) Ha llegado á mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.
(5) Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
(16) Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.
(8) Porque él dice: Mis príncipes ¿no son todos reyes?