Concordancia de la Biblia Reina-Valera
muerte (318 apariciones)
(28) Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste á tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey?
(5) Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron,
(6) Me rodearon los dolores del infierno, y me tomaron descuidado lazos de muerte.
(26) Y á Abiathar sacerdote dijo el rey: Vete á Anathoth á tus heredades, que tú eres digno de muerte; mas no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca del Señor Jehová delante de David mi padre, y además has sido trabajado en todas las cosas en que fué trabajado mi padre.
(40) Procuró por tanto Salomón de matar á Jeroboam, pero levantándose Jeroboam, huyó á Egipto, á Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
(1) DESPUÉS de la muerte de Achâb rebelóse Moab contra Israel.
(21) Y saliendo él á los manaderos de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.
(40) Echóse después para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, dieron voces, diciendo: ¡Varón de Dios, la muerte en la olla! Y no lo pudieron comer.
(4) Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos pues ahora, y pasémonos al ejército de los Siros: si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
(17) Y Amasías hijo de Joas rey de Judá, vivió después de la muerte de Joas hijo de Joachâz rey de Israel, quince años.
(5) Mas Jehová hirió al rey con lepra, y fué leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotham hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo de la tierra.
(1) EN aquellos días cayó Ezechîas enfermo de muerte, y vino á él Isaías profeta hijo de Amós, y díjole: Jehová dice así: Dispón de tu casa, porque has de morir, y no vivirás.
(2) Y dijo David: Haré misericordia con Hanán hijo de Naas, porque también su padre hizo conmigo misericordia. Así David envió embajadores que lo consolasen de la muerte de su padre. Mas venidos los siervos de David en la tierra de los hijos de Ammón á Hanán, para consolarle,
(5) Y dijo David: Salomón mi hijo es muchacho y tierno, y la casa que se ha de edificar á Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para nombre y honra en todas las tierras; ahora pues yo le aparejaré lo necesario. Y preparó David antes de su muerte en grande abundancia.
(4) Hizo pues lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Achâb; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdición.
(25) Y vivió Amasías hijo de Joas, rey de Judá, quince años después de la muerte de Joas hijo de Joachâz rey de Israel.
(21) Así el rey Uzzías fué leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa apartada, leproso, por lo que había sido separado de la casa de Jehová; y Joatham su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra.
(11) ¿No os engaña Ezechîas para entregaros á muerte, á hambre, y á sed, diciendo: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?
(24) En aquel tiempo Ezechîas enfermó de muerte: y oró á Jehová, el cual le respondió, y dióle una señal.
(33) Y durmió Ezechîas con sus padres, y sepultáronlo en los más insignes sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y los de Jerusalem: y reinó en su lugar Manasés su hijo.
(26) Y cualquiera que no hiciere la ley de tu Dios, y la ley del rey, prestamente sea juzgado, ó á muerte, ó á desarraigo, ó á pena de la hacienda, ó á prisión.
(5) Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado, que lo haga horrible como caliginoso día.
(21) Que esperan la muerte, y ella no llega, aunque la buscan más que tesoros;
(20) En el hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra de las manos de la espada.
(15) Y así mi alma tuvo por mejor el ahogamiento, y quiso la muerte más que mis huesos.
(21) Antes que vaya para no volver, á la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
(22) Tierra de oscuridad, lóbrega como sombra de muerte, sin orden, y que aparece como la oscuridad misma.
(22) El descubre las profundidades de las tinieblas, y saca á luz la sombra de muerte.
(13) El primogénito de la muerte comerá los ramos de su piel, y devorará sus miembros.
(12) De la ciudad gimen los hombres, y claman las almas de los heridos de muerte: mas Dios no puso estorbo.
(17) Porque la mañana es á todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.
(17) Porque la mañana es á todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.
(15) Los que le quedaren, en muerte serán sepultados; y no llorarán sus viudas.
(3) A las tinieblas puso término, y examina todo á la perfección, las piedras que hay en la oscuridad y en la sombra de muerte.
(22) El infierno y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.
(23) Porque yo conozco que me reduces á la muerte; y á la casa determinada á todo viviente.
(22) Y su alma se acerca al sepulcro, y su vida á los que causan la muerte.
(22) No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se encubran los que obran maldad.
(17) ¿Hante sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de muerte?
(17) ¿Hante sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de muerte?
(5) Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿quién te loará en el sepulcro?
(13) Asimismo ha aparejado para él armas de muerte; ha labrado sus saetas para los que persiguen.
(13) Ten misericordia de mí, Jehová: mira mi aflicción que padezco de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte;
(3) Mira, óyeme, Jehová Dios mío: alumbra mis ojos, porque no duerma en muerte;
(4) Cercáronme dolores de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron.
(5) Dolores del sepulcro me rodearon, previniéronme lazos de muerte.
(15) Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó á mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte.
(4) Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
(9) ¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿anunciará tu verdad?
(19) Para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en el hambre.