Concordancia de la Biblia Reina-Valera
mujer (722 apariciones)
(18) Entonces Joas rey de Israel envió á decir á Amasías rey de Judá: El cardo que estaba en el Líbano, envió al cedro que estaba en el Líbano, diciendo: Da tu hija á mi hijo por mujer. Y he aquí que las bestias fieras que estaban en el Líbano, pasaron, y hollaron el cardo.
(22) Entonces Hilcías y los del rey fueron á Hulda profetisa, mujer de Sallum, hijo de Tikvath, hijo de Hasra, guarda de las vestimentas, la cual moraba en Jerusalem en la casa de la doctrina; y dijéronle las palabras dichas.
(61) Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Abaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y fué llamado del nombre de ellas.
(63) Y de los sacerdotes: los hijos de Habaías, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y se llamó del nombre de ellas.
(11) Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey saben, que cualquier hombre ó mujer que entra al rey al patio de adentro sin ser llamado, por una sola ley ha de morir: salvo aquel á quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá: y yo no he sido llamada para entrar al rey estos treinta días.
(10) Mas refrenóse Amán, y vino á su casa, y envió, é hizo venir sus amigos, y á Zeres su mujer.
(14) Y díjole Zeres su mujer, y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos, y mañana di al rey que cuelguen á Mardochêo en ella; y entra con el rey al banquete alegre. Y plugo la cosa en los ojos de Amán, é hizo preparar la horca.
(13) Contó luego Amán á Zeres su mujer, y á todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la simiente de los Judíos es el Mardochêo, delante de quien has comenzado á caer, no lo vencerás; antes caerás por cierto delante de él.
(13) Contó luego Amán á Zeres su mujer, y á todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la simiente de los Judíos es el Mardochêo, delante de quien has comenzado á caer, no lo vencerás; antes caerás por cierto delante de él.
(9) Díjole entonces su mujer: ¿Aun retienes tú tu simplicidad? Bendice á Dios, y muérete.
(1) EL HOMBRE nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores:
(14) ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y que se justifique el nacido de mujer?
(17) Mi aliento vino á ser extraño á mi mujer, aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba.
(21) A la mujer estéril que no paría, afligió; y á la viuda nunca hizo bien.
(4) ¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿y cómo será limpio el que nace de mujer?
(9) Si fué mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando á la puerta de mi prójimo:
(10) Muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven.
(6) Tomólos allí temblor; dolor, como á mujer que pare.
(8) Pasen ellos como el caracol que se deslíe: como el abortivo de mujer, no vean el sol.
(9) Sean sus hijos huérfanos, y su mujer viuda.
(3) Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.
(16) Para librarte de la mujer extraña, de la ajena que halaga con sus palabras;
(18) Sea bendito tu manantial; y alégrate con la mujer de tu mocedad.
(24) Para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la extraña.
(26) Porque á causa de la mujer ramera es reducido el hombre á un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón.
(26) Porque á causa de la mujer ramera es reducido el hombre á un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón.
(29) Así el que entrare á la mujer de su prójimo; no será sin culpa cualquiera que la tocare.
(32) Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: corrompe su alma el que tal hace.
(5) Para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras.
(10) Y he aquí, una mujer que le sale al encuentro con atavío de ramera, astuta de corazón,
(13) La mujer loca es alborotadora; es simple é ignorante.
(16) La mujer graciosa tendrá honra: y los fuertes tendrán riquezas.
(22) Zarcillo de oro en la nariz del puerco, es la mujer hermosa y apartada de razón.
(4) La mujer virtuosa corona es de su marido: mas la mala, como carcoma en sus huesos.
(1) LA mujer sabia edifica su casa: mas la necia con sus manos la derriba.
(13) Dolor es para su padre el hijo necio; y gotera continua las contiendas de la mujer.
(14) La casa y las riquezas herencia son de los padres: mas de Jehová la mujer prudente.
(9) Mejor es vivir en un rincón de zaquizamí, que con la mujer rencillosa en espaciosa casa.
(19) Mejor es morar en tierra del desierto, que con la mujer rencillosa é iracunda.
(24) Mejor es estar en un rincón de casa, que con la mujer rencillosa en espaciosa casa.
(15) Gotera continua en tiempo de lluvia, y la mujer rencillosa, son semejantes:
(20) Tal es el rastro de la mujer adúltera: come, y limpia su boca, y dice: No he hecho maldad.
(10) Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente á la de piedras preciosas.
(30) Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme á Jehová, ésa será alabada.
(26) Y yo he hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes, y lazos su corazón; sus manos como ligaduras. El que agrada á Dios escapará de ella; mas el pecador será preso en ella.
(28) Lo que aun busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.
(9) Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.
(5) Como tú no sabes cuál es el camino del viento, ó cómo se crían los huesos en el vientre de la mujer preñada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
(8) Y se llenarán de terror; angustias y dolores los comprenderán; tendrán dolores como mujer de parto; pasmaráse cada cual al mirar á su compañero; sus rostros, rostros de llamas.
(3) Por tanto mis lomos se han llenado de dolor; angustias se apoderaron de mí, como angustias de mujer de parto: agobiéme oyendo, y al ver heme espantado.