Concordancia de la Biblia Reina-Valera
oye (117 apariciones)
(2) Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos á la voz de mi súplica.
(1) Salmo de David. OH Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos: respóndeme por tu verdad, por tu justicia.
(8) Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre:
(10) Oye, hijo mío, y recibe mis razones; y se te multiplicarán años de vida.
(34) Bienaventurado el hombre que me oye, velando á mis puertas cada día, guardando los umbrales de mis entradas.
(8) La redención de la vida del hombre son sus riquezas: pero el pobre no oye censuras.
(29) Lejos está Jehová de los impíos: mas él oye la oración de los justos.
(12) El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas ha igualmente hecho Jehová.
(28) El testigo mentiroso perecerá: mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho.
(17) Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, y pon tu corazón á mi sabiduría:
(19) Oye tú, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino.
(22) Oye á tu padre, á aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
(17) Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Sennachêrib, el cual ha enviado á blasfemar al Dios viviente.
(17) Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Sennachêrib, el cual ha enviado á blasfemar al Dios viviente.
(5) Entonces dijo Isaías á Ezechîas: Oye palabra de Jehová de los ejércitos:
(20) Que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?
(1) AHORA pues oye, Jacob, siervo mío, y tú, Israel, á quien yo escogí.
(8) Oye pues ahora esto, delicada, la que está sentada confiadamente, la que dice en su corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad.
(10) ¿Quién hay entre vosotros que teme á Jehová, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.
(21) Oye pues ahora esto, miserable, ebria, y no de vino:
(15) Porque la voz se oye del que trae las nuevas desde Dan, y del que hace oir la calamidad desde el monte de Ephraim.
(7) Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así nunca cesa de manar su malicia; injusticia y robo se oye en ella; continuamente en mi presencia, enfermedad y herida.
(19) Oye, tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon á mis palabras, y aborrecieron mi ley.
(19) Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo.
(2) Y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás sentado sobre el trono de David, tú, y tus criados, y tu pueblo que entran por estas puertas.
(29) ¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová.
(7) Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos y en los oídos de todo el pueblo:
(15) Entonces dijo el profeta Jeremías á Hananías profeta: Ahora oye, Hananías; Jehová no te envió, y tú has hecho confiar á este pueblo en mentira.
(4) Con todo eso, oye palabra de Jehová, Sedechîas rey de Judá: Así ha dicho Jehová de ti: No morirás á cuchillo;
(20) Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor: caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver á casa de Jonathán escriba, porque no me muera allí.
(20) Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y tendrás bien, y vivirá tu alma.
(8) Mas tú, hijo del hombre, oye lo que yo te hablo; no seas tú rebelde como la casa rebelde: abre tu boca, y come lo que yo te doy.
(10) Y díjome: Hijo del hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.
(27) Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: El que oye, oiga; y el que cesa, cese: porque casa rebelde son.
(35) Por tanto, ramera, oye palabra de Jehová:
(47) Y dirás al bosque del mediodía: Oye palabra de Jehová: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí que yo enciendo en ti fuego, el cual consumirá en ti todo árbol verde, y todo árbol seco: no se apagará la llama del fuego; y serán quemados en ella todos rostros, desde el mediodía hasta el norte.
(4) Y hablóme aquel varón, diciendo: Hijo del hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón á todas las cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase eres traído aquí. Cuenta todo lo que ves á la casa de Israel.
(5) Y díjome Jehová: Hijo del hombre, pon tu corazón, y mira con tus ojos, y oye con tus oídos todo lo que yo hablo contigo sobre todas las ordenanzas de la casa de Jehová, y todas sus leyes: y pon tu corazón á las entradas de la casa, y á todas las salidas del santuario.
(17) Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.
(18) Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nombre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acatamiento confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas miseraciones.
(19) Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
(16) Ahora pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac:
(24) Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;
(26) Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
(20) Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.
(22) Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.
(23) Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.
(29) Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
(47) Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:
(16) El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.