Concordancia de la Biblia Reina-Valera
palabras (553 apariciones)
(14) Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.
(37) Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
(37) Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
(1) Y ACONTECIÓ que acabando Jesús estas palabras, se pasó de Galilea, y vino á los términos de Judea, pasado el Jordán.
(35) El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
(1) Y ACONTECIÓ que, como hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo á sus discípulos:
(44) Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.
(75) Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.
(38) Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
(24) Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas!
(31) El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
(39) Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras.
(72) Y el gallo cantó la segunda vez: y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.
(20) Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.
(29) Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.
(50) Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
(4) Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas.
(22) Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
(47) Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:
(1) Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.
(26) Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
(28) Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.
(44) Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
(20) Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.
(26) Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.
(33) El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.
(9) Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió:
(8) Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
(11) Mas á ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron.
(44) Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.
(34) Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida.
(47) Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis á mis palabras?
(63) El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida.
(68) Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.
(20) Estas palabras habló Jesús en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo: y nadie le prendió; porque aun no había venido su hora.
(47) El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.
(19) Y volvió á haber disensión entre los Judíos por estas palabras.
(21) Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?
(47) Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo.
(48) El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
(10) ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras.
(24) El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.
(7) Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho.
(8) Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
(14) Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
(22) Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;
(40) Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
(5) Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
(20) Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
(24) Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría á parar aquello.