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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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palabras (553 apariciones)

(6) En la cual estaba escrito: Hase oído entre las gentes, y Gasmu lo dice, que tú y los Judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser tú su rey;

(7) Y que has puesto profetas que prediquen de ti en Jerusalem, diciendo: ¡Rey en Judá! Y ahora serán oídas del rey las tales palabras: ven por tanto, y consultemos juntos.

(19) También contaban delante de mí sus buenas obras, y referíanle mis palabras. Y enviaba Tobías cartas para atemorizarme.

(9) Y Nehemías el Tirsatha, y el sacerdote Esdras, escriba, y los Levitas que hacían entender al pueblo, dijeron á todo el pueblo: Día santo es á Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis: porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.

(12) Y todo el pueblo se fué á comer y á beber, y á enviar porciones, y á gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.

(13) Y el día siguiente se juntaron los príncipes de las familias de todo el pueblo, sacerdotes, y Levitas, á Esdras escriba, para entender las palabras de la ley.

(4) Y aconteció que, hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, denunciáronlo á Amán, por ver si las palabras de Mardochêo se mantendrían; porque ya él les había declarado que era Judío.

(9) Y vino Atach, y contó á Esther las palabras de Mardochêo.

(12) Y dijeron á Mardochêo las palabras de Esther.

(26) Por esto llamaron á estos días Purim, del nombre Pur. Por todas las palabras pues de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llegó á su noticia,

(30) Y envió Mardochêo letras á todos los Judíos, á las ciento veintisiete provincias del rey Assuero, con palabras de paz y de verdad,

(32) Y el mandamiento de Esther confirmó estas palabras dadas acerca de Purim, y escribióse en el libro.

(2) Si probáremos á hablarte, serte ha molesto; mas ¿quién podrá detener las palabras?

(4) Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían.

(3) Porque pesaría aquél más que la arena del mar: y por tanto mis palabras son cortadas.

(10) Y sería aún mi consuelo, si me asaltase con dolor sin dar más tregua, que yo no he escondido las palabras del Santo.

(25) ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el que reprende de vosotros?

(26) ¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?

(2) ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán como un viento fuerte?

(10) ¿No te enseñarán ellos, te dirán, y de su corazón sacarán palabras?

(14) ¿Cuánto menos le responderé yo, y hablaré con él palabras estudiadas?

(2) ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿y el hombre parlero será justificado?

(11) Ciertamente el oído distingue las palabras, y el paladar gusta las viandas.

(3) ¿Disputará con palabras inútiles, y con razones sin provecho?

(13) Pues haces frente á Dios con tu espíritu, y sacas tales palabras de tu boca?

(3) ¿Tendrán fin las palabras ventosas? ó ¿qué te animará á responder?

(4) También yo hablaría como vosotros. Ojalá vuestra alma estuviera en lugar de la mía, que yo os tendría compañía en las palabras, y sobre vosotros movería mi cabeza.

(5) Mas yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios apaciguaría el dolor vuestro.

(2) ¿Cuándo pondréis fin á las palabras? Entended, y después hablemos.

(2) ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras?

(23) ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡quién diese que se escribieran en un libro!

(22) Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón.

(12) Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.

(25) Y si no, ¿quién me desmentirá ahora, ó reducirá á nada mis palabras?

(4) ¿A quién has anunciado palabras, y cúyo es el espíritu que de ti sale?

(9) Los príncipes detenían sus palabras, ponían la mano sobre su boca;

(40) En lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinas en lugar de cebada. Acábanse las palabras de Job.

(11) He aquí yo he esperado á vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, en tanto que buscabais palabras.

(14) Ahora bien, Job no enderezó á mí sus palabras, ni yo le responderé con vuestras razones.

(18) Porque lleno estoy de palabras, y el espíritu de mi vientre me constriñe.

(1) POR tanto, Job, oye ahora mis razones, y escucha todas mis palabras.

(5) Si pudieres, respóndeme; dispón tus palabras, está delante de mí.

(8) De cierto tú dijiste á oídos míos, y yo oí la voz de tus palabras que decían:

(2) Oid, sabios, mis palabras; y vosotros, doctos, estadme atentos.

(3) Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta para comer.

(16) Si pues hay en ti entendimiento, oye esto: escucha la voz de mis palabras.

(35) Que Job no habla con sabiduría, y que sus palabras no son con entendimiento.

(37) Porque á su pecado añadió impiedad: bate las manos entre nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras.

(15) Mas ahora, porque en su ira no visita, ni conoce con rigor, por eso Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin sabiduría.

(4) Porque de cierto no son mentira mis palabras; contigo está el que es íntegro en sus conceptos.