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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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vino (682 apariciones)

(36) Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.

(25) Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.

(29) Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sentó allí.

(39) Entonces, despedidas las gentes, subió en el barco: y vino á los términos de Magdalá.

(12) Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.

(14) Y como ellos llegaron al gentío, vino á él un hombre hincándosele de rodillas,

(1) Y ACONTECIÓ que acabando Jesús estas palabras, se pasó de Galilea, y vino á los términos de Judea, pasado el Jordán.

(28) Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

(19) Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más para siempre nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

(23) Y como vino al templo, llegáronse á él cuando estaba enseñando, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dió esta autoridad?

(32) Porque vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

(39) Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó á todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

(10) Y mientras que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta.

(19) Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.

(7) Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado á la mesa.

(40) Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?

(43) Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.

(45) Entonces vino á sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.

(47) Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.

(57) Y como fué la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús.

(1) Y LA víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.

(9) Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán.

(14) Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

(28) Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

(40) Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.

(22) Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

(22) Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

(22) Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

(22) Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

(22) Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,

(33) Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

(38) Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.

(1) Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

(48) Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino á ellos andando sobre la mar, y quería precederlos.

(25) Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó á sus pies.

(31) Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidón á la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis.

(10) Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanutha.

(22) Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.

(7) Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: á él oid.

(13) Empero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

(14) Y como vino á los discípulos, vió grande compañía alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.

(1) Y PARTIÉNDOSE de allí, vino á los términos de Judea y tras el Jordán: y volvió el pueblo á juntarse á él; y de nuevo les enseñaba como solía.

(17) Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

(45) Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.

(50) El entonces, echando su capa, se levantó, y vino á Jesús.

(13) Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.

(42) Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí.

(3) Y estando él en Bethania en casa de Simón el leproso, y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza.

(10) Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino á los príncipes de los sacerdotes, para entregársele.

(37) Y vino y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora?