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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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voz (507 apariciones)

(26) Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á gran voz, salió de él.

(7) Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

(7) Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: á él oid.

(34) Y á la hora de nona, exclamó Jesús á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

(37) Mas Jesús, dando una grande voz, espiró.

(42) Y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

(44) Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

(4) Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas.

(22) Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.

(33) Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,

(28) El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.

(35) Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.

(36) Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.

(27) Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.

(13) Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.

(15) Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;

(37) Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,

(46) Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

(23) Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta.

(29) El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo es cumplido.

(25) De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.

(28) No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

(37) Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.

(3) A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.

(4) Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

(5) Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños.

(16) También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

(27) Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;

(43) Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.

(28) Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.

(30) Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.

(37) Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.

(14) Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.

(24) Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay;

(31) Entonces Moisés mirando, se maravilló de la visión: y llegándose para considerar, fué hecha á él voz del Señor:

(60) Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

(4) Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

(7) Y los hombres que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo á la verdad la voz, mas no viendo á nadie.

(13) Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.

(15) Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.

(7) Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.

(9) Entonces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.

(14) La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dió nueva de que Pedro estaba al postigo.

(22) Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre.

(10) Dijo á gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y saltó, y anduvo.

(11) Entonces las gentes, visto lo que Pablo había hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses semejantes á hombres han descendido á nosotros.

(28) Mas Pablo clamó á gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí.

(34) Mas como conocieron que era Judío, fué hecha un voz de todos, que gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los Efesios!

(7) Y caí en el suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

(9) Y los que estaban conmigo vieron á la verdad la luz, y se espantaron; mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo.