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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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él (3,943 apariciones)

(25) Y como Jesús vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.

(25) Y como Jesús vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.

(26) Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.

(28) Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?

(31) Porque enseñaba á sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día.

(1) Y PARTIÉNDOSE de allí, vino á los términos de Judea y tras el Jordán: y volvió el pueblo á juntarse á él; y de nuevo les enseñaba como solía.

(3) Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

(15) De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

(17) Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

(17) Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

(22) Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones.

(34) Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.

(35) Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron á él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.

(36) Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

(46) Entonces vienen á Jericó: y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.

(48) Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí.

(2) Y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre ha subido; desatadlo y traedlo.

(7) Y trajeron el pollino á Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él.

(7) Y trajeron el pollino á Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él.

(27) Y volvieron á Jerusalem; y andando él por el templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos;

(27) Y volvieron á Jerusalem; y andando él por el templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos;

(13) Y envían á él algunos de los Fariseos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.

(15) Entonces él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.

(18) Entonces vienen á él los Saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:

(31) Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

(32) Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;

(20) Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos días.

(3) Y estando él en Bethania en casa de Simón el leproso, y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza.

(15) Y él os mostrará un gran cenáculo ya preparado: aderezad para nosotros allí.

(20) Y él respondiendo les dijo: Es uno de los doce que moja conmigo en el plato.

(21) A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera á aquel hombre si nunca hubiera nacido.

(23) Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dió: y bebieron de él todos.

(31) Mas él con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.

(35) Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.

(43) Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él una compañía con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos.

(43) Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él una compañía con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos.

(45) Y como vino, se acercó luego á él, y le dice: Maestro, Maestro. Y le besó.

(46) Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron.

(52) Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo.

(53) Y trajeron á Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron á él todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos y los escribas.

(56) Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban.

(57) Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:

(61) Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió á preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

(65) Y algunos comenzaron á escupir en él, y cubrir su rostro, y á darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herían de bofetadas.

(68) Mas él negó, diciendo: No conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera á la entrada; y cantó el gallo.

(70) Mas él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez á Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante.

(71) Y él comenzó á maldecir y á jurar: No conozco á este hombre de quien habláis.

(2) Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.

(19) Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas.

(23) Y le dieron á beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.