Concordancia de la Biblia Reina-Valera
como (3,433 apariciones)
(7) Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar.
(8) Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.
(9) Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.
(11) Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.
(15) Y en aquellos días, Pedro, levantándose en medio de los hermanos, dijo (y era la compañía junta como de ciento y veinte en número):
(1) Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;
(2) Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;
(3) Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.
(4) Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
(10) En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,
(15) Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;
(22) Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;
(41) Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día como tres mil personas.
(45) Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester.
(3) Este, como vió á Pedro y á Juan que iban á entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.
(12) Y viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ó ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á éste?
(17) Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros príncipes.
(22) Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare.
(4) Mas muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y fué el número de los varones como cinco mil.
(31) Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.
(37) Como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo á los pies de los apóstoles.
(7) Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
(14) Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;
(22) Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso,
(27) Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe de los sacerdotes les preguntó,
(36) Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos: el cual fué matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos á nada.
(15) Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
(12) Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez.
(17) Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado á Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto,
(21) Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón le tomó, y le crió como á hijo suyo.
(24) Y como vió á uno que era injuriado, defendióle, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado.
(28) ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio?
(37) Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis.
(42) Y Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?
(44) Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios, hablando á Moisés que lo hiciese según la forma que había visto.
(48) Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice:
(51) Duros de cerviz, é incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros.
(18) Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
(32) Y el lugar de la Escritura que leía, era éste: Como oveja á la muerte fué llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca:
(32) Y el lugar de la Escritura que leía, era éste: Como oveja á la muerte fué llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca:
(39) Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso.
(18) Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fué bautizado.
(19) Y como comió, fué confortado. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
(23) Y como pasaron muchos días, los Judíos hicieron entre sí consejo de matarle;
(26) Y como vino á Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos; mas todos tenían miedo de él, no creyendo que era discípulo.
(30) Lo cual, como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesarea, y le enviaron á Tarso.
(38) Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, rogándole: No te detengas en venir hasta nosotros.
(3) Este vió en visión manifiestamente, como á la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba á él, y le decía: Cornelio.
(11) Y vió el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado á la tierra;
(25) Y como Pedro entró, salió Cornelio á recibirle; y derribándose á sus pies, adoró.