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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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le (2,470 apariciones)

(23) Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.

(25) Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos.

(27) Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?

(28) Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino.

(31) Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos.

(34) Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesús: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.

(34) Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesús: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.

(2) Y he aquí le trajeron un paralítico, echado en una cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados.

(9) Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.

(18) Hablando él estas cosas á ellos, he aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

(19) Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos.

(27) Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.

(32) Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.

(4) Simón el Cananita y Judas Iscariote, que también le entregó.

(32) Cualquiera pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.

(33) Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.

(2) Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,

(2) Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.

(4) Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer, ni á los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes?

(10) Y he aquí había allí uno que tenía una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.

(11) Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere ésta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante?

(15) Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos.

(16) Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen:

(22) Entonces fué traído á él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía.

(32) Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.

(32) Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.

(39) Y él respondió, y les dijo: La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.

(46) Y estando él aún hablando á las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar.

(47) Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar.

(48) Y respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

(10) Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

(12) Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

(12) Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

(27) Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?

(28) Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?

(36) Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.

(3) Porque Herodes había prendido á Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;

(4) Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.

(5) Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como á profeta.

(9) Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se le diese.

(13) Y oyéndolo Jesús, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron á pie de las ciudades.

(28) Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas.

(31) Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

(33) Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

(35) Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron á él todos los enfermos;

(36) Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.

(12) Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?

(15) Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.

(23) Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.

(23) Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.