Concordancia de la Biblia Reina-Valera
le (2,470 apariciones)
(2) Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.
(2) Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.
(3) Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas de plata á los príncipes de los sacerdotes y á los ancianos,
(11) Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
(11) Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.
(13) Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
(14) Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho.
(18) Porque sabía que por envidia le habían entregado.
(26) Entonces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesús, le entregó para ser crucificado.
(28) Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana;
(29) Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos!
(30) Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza.
(31) Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
(31) Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
(31) Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
(31) Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
(34) Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando, no quiso beberlo.
(35) Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
(36) Y sentados le guardaban allí.
(39) Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas,
(43) Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
(44) Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él.
(58) Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.
(64) Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.
(7) E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros á Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho.
(9) He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron.
(13) Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros.
(14) Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros.
(17) Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
(17) Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
(12) Y luego el Espíritu le impele al desierto.
(13) Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
(18) Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.
(25) Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.
(27) Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?
(30) Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella.
(34) Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocían.
(36) Y le siguió Simón, y los que estaban con él;
(37) Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.
(40) Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.
(41) Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.
(41) Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.
(43) Entonces le apercibió, y despidióle luego,
(44) Y le dice: Mira, no digas á nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio á ellos.
(14) Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió.
(14) Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió.
(15) Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.
(18) Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
(24) Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?
(2) Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.