Concordancia de la Biblia Reina-Valera
le (2,470 apariciones)
(2) Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.
(7) Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud de Galilea, y de Judea,
(9) Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.
(9) Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.
(12) Mas él les reñía mucho que no le manifestasen.
(19) Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á casa.
(32) Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.
(10) Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola.
(25) Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
(25) Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
(30) Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos?
(36) Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos.
(38) Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?
(38) Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?
(41) Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?
(2) Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,
(3) Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar;
(4) Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.
(6) Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.
(8) Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
(9) Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
(10) Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.
(10) Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.
(12) Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos.
(18) Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él.
(19) Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
(19) Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
(22) Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,
(23) Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
(24) Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.
(24) Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.
(26) Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
(31) Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
(33) Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
(34) Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.
(41) Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.
(43) Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.
(1) Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.
(2) Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?
(17) Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido á Juan, y le había aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.
(19) Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía:
(20) Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana.
(20) Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana.
(23) Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.
(28) El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre.
(29) Y oyéndolo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro.
(30) Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.
(33) Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos á pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron á él.
(37) Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?
(50) Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis.