Concordancia de la Biblia Reina-Valera
le (2,470 apariciones)
(14) Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
(15) La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla.
(16) Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.
(23) Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
(24) Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
(31) Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.
(33) Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?
(45) Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.
(48) Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.
(49) El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
(50) Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.
(51) Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
(51) Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
(52) Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.
(53) El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
(7) Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.
(14) Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.
(15) El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado.
(20) Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis.
(20) Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis.
(23) Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
(27) Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.
(37) Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera.
(40) Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.
(44) Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
(44) Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
(54) El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.
(64) Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.
(65) Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre.
(70) Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?
(71) Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
(18) El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
(26) Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada; ¿si habrán entendido verdaderamente los príncipes, que éste es el Cristo?
(29) Yo le conozco, porque de él soy, y él me envió.
(32) Los Fariseos oyeron á la gente que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos enviaron servidores que le prendiesen.
(35) Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir éste que no le hallemos? ¿Se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar á los Griegos?
(45) Y los ministriles vinieron á los principales sacerdotes y á los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?
(3) Entonces los escribas y los Fariseos le traen una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,
(11) Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más.
(13) Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero.
(20) Estas palabras habló Jesús en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo: y nadie le prendió; porque aun no había venido su hora.
(31) Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
(52) Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre.
(55) Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.
(55) Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.
(55) Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.
(55) Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.
(8) Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
(12) Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.
(14) Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.