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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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me (2,011 apariciones)

(18) ¿Por qué me sacaste de la matriz? Habría yo espirado, y no me vieran ojos.

(18) ¿Por qué me sacaste de la matriz? Habría yo espirado, y no me vieran ojos.

(20) ¿No son mis días poca cosa? Cesa pues, y déjame, para que me conforte un poco.

(15) He aquí, aunque me matare, en él esperaré; empero defenderé delante de él mis caminos.

(16) Y él mismo me será salud, porque no entrará en su presencia el hipócrita.

(18) He aquí ahora, si yo me apercibiere á juicio, sé que seré justificado.

(20) A lo menos dos cosas no hagas conmigo; entonces no me esconderé de tu rostro:

(21) Aparta de mí tu mano, y no me asombre tu terror.

(24) ¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo?

(26) ¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi mocedad?

(3) ¿Y sobre éste abres tus ojos, y me traes á juicio contigo?

(13) ¡Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, que me encubrieras hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

(13) ¡Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, que me encubrieras hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

(13) ¡Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, que me encubrieras hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

(13) ¡Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, que me encubrieras hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

(16) Pues ahora me cuentas los pasos, y no das tregua á mi pecado.

(7) Empero ahora me ha fatigado: has tú asolado toda mi compañía.

(8) Tú me has arrugado; testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.

(9) Su furor me destrizó, y me ha sido contrario: crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.

(9) Su furor me destrizó, y me ha sido contrario: crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.

(11) Hame entregado Dios al mentiroso, y en las manos de los impíos me hizo estremecer

(1) MI ALIENTO está corrompido, acórtanse mis días, y me está aparejado el sepulcro.

(6) El me ha puesto por parábola de pueblos, y delante de ellos he sido como tamboril.

(2) ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras?

(3) Ya me habéis vituperado diez veces: ¿no os avergonzáis de descomediros delante de mí?

(6) Sabed ahora que Dios me ha trastornado, y traído en derredor su red sobre mí.

(15) Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño: forastero fuí yo en sus ojos.

(18) Aun los muchachos me menospreciaron: en levantándome, hablaban contra mí.

(19) Todos mis confidentes me aborrecieron; y los que yo amaba, se tornaron contra mí.

(21) Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí; porque la mano de Dios me ha tocado.

(22) ¿Por qué me perseguís como Dios, y no os hartáis de mis carnes?

(2) Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro.

(2) Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro.

(6) Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, y toma temblor mi carne.

(6) Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, y toma temblor mi carne.

(34) ¿Cómo pues me consoláis en vano, viniendo á parar vuestras respuestas en falacia?

(3) ¡Quién me diera el saber dónde hallar á Dios! yo iría hasta su silla.

(5) Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese.

(5) Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese.

(11) Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me aparté.

(12) Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.

(15) Por lo cual yo me espanto en su presencia: consideraré, y temerélo.

(15) El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie: y esconde su rostro.

(25) Y si no, ¿quién me desmentirá ahora, ó reducirá á nada mis palabras?

(6) Mi justicia tengo asida, y no la cederé: no me reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida.

(2) ¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días que Dios me guardaba,

(2) ¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días que Dios me guardaba,

(6) Cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite!

(8) Los mozos me veían, y se escondían; y los viejos se levantaban, y estaban en pie;

(11) Cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio: