Concordancia de la Biblia Reina-Valera
ni (1,863 apariciones)
(8) En justicia son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida.
(26) No había aún hecho la tierra, ni las campiñas, ni el principio del polvo del mundo.
(26) No había aún hecho la tierra, ni las campiñas, ni el principio del polvo del mundo.
(12) El escarnecedor no ama al que le reprende; ni se allega á los sabios.
(26) Ciertamente no es bueno condenar al justo, ni herir á los príncipes que hacen lo recto.
(30) No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová.
(30) No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová.
(22) No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en la puerta al afligido:
(24) No te entrometas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos;
(6) No comas pan de hombre de mal ojo, ni codicies sus manjares:
(10) No traspases el término antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos:
(20) No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne:
(1) NO tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos:
(19) No te entrometas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos;
(6) No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes:
(27) Comer mucha miel no es bueno: ni el buscar la propia gloria es gloria.
(10) No dejes á tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción: mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.
(10) No dejes á tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción: mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.
(1) EL hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado; ni habrá para él medicina.
(2) Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre.
(3) Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la ciencia del Santo.
(3) Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la ciencia del Santo.
(8) Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester;
(3) No des á las mujeres tu fuerza, ni tus caminos á lo que es para destruir los reyes.
(4) No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza.
(8) Todas las cosas andan en trabajo más que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.
(8) Todas las cosas andan en trabajo más que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.
(11) No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
(10) No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena.
(16) Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
(16) Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
(14) He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.
(19) Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.
(8) Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
(8) Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
(8) Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
(8) Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
(2) No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
(6) No sueltes tu boca para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fué ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
(5) Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.
(16) No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te destruirás?
(17) No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo?
(3) No te apresures á irte de delante de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere:
(8) No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.
(8) No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.
(13) Y que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.
(16) Yo pues dí mi corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)
(16) Yo pues dí mi corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)
(1) CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.
(1) CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.