Concordancia de la Biblia Reina-Valera
él (3,943 apariciones)
(29) El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
(32) Y Juan dió testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él.
(33) Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo.
(39) Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel día: porque era como la hora de las diez.
(47) Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.
(11) Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
(12) Después de esto descendió á Capernaum, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
(21) Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
(24) Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos,
(25) Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.
(2) Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.
(15) Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.
(16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
(17) Porque no envió Dios á su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.
(18) El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
(26) Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á él.
(28) Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
(30) A él conviene crecer, mas á mí menguar.
(36) El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
(10) Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
(10) Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
(12) ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
(14) Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
(25) Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.
(30) Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
(32) Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
(39) Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.
(40) Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.
(41) Y creyeron muchos más por la palabra de él.
(47) Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.
(51) Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
(52) Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.
(53) El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
(11) Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
(19) Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente.
(20) Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis.
(33) Vosotros enviasteis á Juan, y él dió testimonio á la verdad.
(37) Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.
(38) Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él envió, á éste vosotros no creéis.
(46) Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais á mí; porque de mí escribió él.
(5) Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
(6) Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
(15) Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo.
(20) Mas él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo.
(29) Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
(40) Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.
(41) Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.
(50) Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.
(56) El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
(57) Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.