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Concordancia de la Biblia Reina-Valera

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tú (1,397 apariciones)

(7) Jehová Señor, fortaleza de mi salud, tú pusiste á cubierto mi cabeza el día de las armas.

(3) Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.

(5) Clamé á ti, oh Jehová, dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes.

(7) Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu nombre: Me rodearán los justos, porque tú me serás propicio.

(10) Enséñame á hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: tu buen espíritu me guíe á tierra de rectitud.

(10) Tú, el que da salud á los reyes, el que redime á David su siervo de maligna espada.

(15) Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida en su tiempo.

(8) Engrandécela, y ella te engrandecerá: ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado.

(4) Di á la sabiduría: Tú eres mi hermana; y á la inteligencia llama parienta:

(12) Si fueres sabio, para ti lo serás: mas si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.

(8) Vomitarás la parte que tú comiste, y perderás tus suaves palabras.

(14) Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno.

(19) Oye tú, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino.

(4) Nunca respondas al necio en conformidad á su necedad, para que no seas tú también como él.

(29) Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste á todas.

(2) No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.

(7) Donde los sueños son en multitud, también lo son las vanidades y muchas las palabras; mas tú teme á Dios.

(22) Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas veces.

(10) Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.

(17) ¡Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen á su hora, por refección, y no por el beber!

(5) Como tú no sabes cuál es el camino del viento, ó cómo se crían los huesos en el vientre de la mujer preñada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.

(6) Por la mañana siembra tu simiente, y á la tarde no dejes reposar tu mano: porque tú no sabes cuál es lo mejor, si esto ó lo otro, ó si ambas á dos cosas son buenas.

(7) Hazme saber, ó tú á quien ama mi alma, dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?

(8) Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal, yéndote por las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto á las cabañas de los pastores.

(15) He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que eres bella: tus ojos de paloma.

(16) He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y suave: nuestro lecho también florido.

(1) HE aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras, que se muestran desde el monte de Galaad.

(1) HE aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras, que se muestran desde el monte de Galaad.

(7) Toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha.

(4) Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; de desear, como Jerusalem; imponente como ejércitos en orden.

(2) Yo te llevaría, te metiera en casa de mi madre: tú me enseñarías, y yo te hiciera beber vino adobado del mosto de mis granadas.

(13) Oh tú la que moras en los huertos, los compañeros escuchan tu voz: házmela oir.

(2) Oid, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí.

(6) Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque son henchidos de oriente, y de agoreros, como los Filisteos; y en hijos ajenos descansan.

(6) Cuando alguno trabare de su hermano, de la familia de su padre, y le dijere, Que vestir tienes, tú serás nuestro príncipe, y sea en tu mano esta ruina;

(3) Entonces dijo Jehová á Isaías: Sal ahora al encuentro de Achâz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al cabo del conducto de la Pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador,

(16) Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra que tú aborreces será dejada de sus dos reyes.

(4) Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su exactor, como en el día de Madián.

(8) Aun las hayas se holgaron de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros.

(10) Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también enfermaste como nosotros, y como nosotros fuiste?

(12) ¡Cómo caiste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes.

(13) Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto á las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimonio me sentaré, á los lados del aquilón;

(15) Mas tú derribado eres en el sepulcro, á los lados de la huesa.

(19) Mas tú echado eres de tu sepulcro como tronco abominable, como vestido de muertos pasados á cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado.

(20) No serás contado con ellos en la sepultura: porque tú destruiste tu tierra, mataste tu pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.

(29) No te alegres tú, Filistea toda, por haberse quebrado la vara del que te hería; porque de la raíz de la culebra saldrá basilisco, y su fruto, ceraste volador.

(31) Aulla, oh puerta; clama, oh ciudad; disuelta estás toda tú, Filistea: porque humo vendrá de aquilón, no quedará uno solo en sus asambleas.

(1) CARGA del valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que toda tú te has subido sobre los terrados?

(2) Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos á cuchillo, ni muertos en guerra.

(16) ¿Qué tienes tú aquí, ó á quién tienes tú aquí, que labraste aquí sepulcro para ti, como el que en lugar alto labra su sepultura, ó el que esculpe para sí morada en una peña?